Episodio · Años 40 – 60 · Guerra, maquis y posguerra
Pan, agua, ropa y matanza en Valsalobre
En la posguerra, la casa de Valsalobre se sostenía con el horno comunal, una sola fuente para llevarse el agua en cántaro, la colada de tres días en el río, la matanza de invierno y el trueque con los pueblos de la Alcarria. Los huevos servían de moneda. Lo cuentan vecinos en vídeos de Vestal Etnografía.
El agua, de una sola fuente
Hasta que llegó el agua corriente, Valsalobre tenía una sola fuente de la que llevarse agua a casa. Había que ir con el cántaro a la cabeza, sobre un rodete de trapo o sin nada, y mantener el equilibrio cuesta arriba. Era también el lugar donde se veían los chicos y las chicas: los mozos se quedaban cerca, y a veces se vaciaba el cántaro para volver a por otro.
En casa, el agua se guardaba en tinajas y cantareros. Los botijos oscuros eran de invierno; los blancos, de verano, porque el agua salía más fresca. No había aseo: se lavaban con un balde o un barreño, y el retrete era la cuadra o el campo. Las calles no estaban asfaltadas. Las casas, dicen, eran muy pobres, pero estaban limpias.
La colada
La ropa se lavaba en el río. Una colada llevaba tres días: primero se enjabonaba en casa, al día siguiente se bajaba al río y se tendía en el prado para que le diera el sol, y había que volver a regarla tres o cuatro veces. Casi todo era ropa blanca de algodón, retor. En invierno había que romper el hielo y lavar de rodillas, o encima de una losa de piedra. Las sábanas se cambiaban cada ocho o diez días.
La ropa se remendaba. Las coderas, que ahora se llevan de adorno, eran entonces necesidad, y a una niña le enseñaban a poner un remiendo de pana sin que se notara el revés. Los calcetines se hacían en casa con lana de oveja, que luego se teñía de azul o de granate. Para el día de Santiago, el patrón, a las niñas se les hacía un vestido; el del año anterior pasaba a ser el de diario, de invierno y de verano, porque no había otro. En la nieve, se calzaban unos zapatos de goma, y los pies se mojaban igual.
El pan, en el horno del pueblo
El horno era comunal y estaba junto al ayuntamiento. Quien tenía masa madre la guardaba de una hornada para la siguiente. En una artesa grande se amasaba la harina con agua y la masa; en una sola vez se podían hacer quince panes redondos y grandes, para quince días. A media mañana se llevaban en escriños, se dejaban subir sobre tableros tapados con paños blancos y se metían al horno. Cada casa marcaba el suyo con una cruz o con una señal.
El hornero salía por subasta y se quedaba con el horno uno o dos años: metía la leña, tenía el horno listo y sacaba el pan. Se le pagaba con un pan. En el horno se hacían también las magdalenas, las rosquillas y los dulces de las fiestas, de San Antonio y de Santiago. Otra vecina recuerda que salían tres y se turnaban por semanas, y que su madre fue hornera. Cuando abrió una panadería, el horno comunal se dejó de usar, y para entonces, dicen, ya se iba la gente.
La harina salía de los molinos que había en el camino de Beteta, pasado un puente. El molinero iba con un caballo recogiendo trigo por el pueblo y al día siguiente subía la harina hecha, y se quedaba con una parte como pago. En casa se cernía: de un lado la harina; del otro, el salvado para los cerdos y las gallinas.
La matanza
En todas las casas se hacía matanza en invierno, para que lo curado se secara bien. En algunas se mataban dos cerdos. Duraba dos o tres días: uno para la comida, otro para los chorizos. La familia entera participaba. Había que lavar las tripas en el río o en la fuente, y a las morcillas se las cocía en una gran caldera. Lo demás se guardaba en orzas con aceite, que era la despensa del verano, cuando se iba a segar. Los jamones se colgaban, y el tocino se comía crudo.
También se hacían zarajos con las tripas del cordero lechal. Para los niños, la matanza era fiesta: tiraban del rabo del cerdo, se quedaban con la vejiga, que inflaban con una caña, dejaban secar y por la noche hacían botar como un balón. Pero hay una norma que un vecino recuerda con rigor: en invierno no se tocaban los chorizos ni el lomo, aunque se pasara hambre, porque luego venían la siega y la trilla, y había que aguantar.
Huevos y trueque
El dinero era escaso, y los huevos de las gallinas servían de moneda. Con ellos se compraban en la tienda el aceite o el azúcar, y se llevaban a vender a Beteta, a unos seis kilómetros. Un vecino recuerda que su padre los preparaba en cajones con paja y los llevaba en mula a Villanueva, donde el coche de línea los subía al techo rumbo a Madrid.
En otoño llegaba gente de la Alcarria, de Priego y de pueblos de alrededor, con uvas, pimientos y aceitunas, y lo cambiaban por patatas. Cuando el padre de un vecino no encontraba qué llevarse, fue con dos mulas y su hijo de diez años hasta cerca de Millana, en Guadalajara, a trocar lo que fuera por aceite o trigo, cuando se estaba haciendo el pantano de Sacedón. Tardaron tres días en llegar y, a la vuelta, el padre, que había estado preso tras la guerra, les tenía pánico a los guardias de la carretera. Las patatas, las judías y los garbanzos se criaban en la vega, dicen, y cada casa tenía su huerto.
¿Hubo hambre?
Los testimonios no coinciden, y es una buena razón para recogerlos todos. Una vecina nacida a principios de los cuarenta dice que ella no pasó hambre: tenían legumbres, trigo, remolacha y un cerdo para todo el año, aunque no hubiera postres. Un vecino nacido en 1941 dice que sí había hambre en su casa. En esa misma conversación se recuerda que, cuando en mayo ya no quedaba trigo, una madre echaba pepinos en vinagre, mientras el padre bajaba a Córdoba con los animales. Y casi todos coinciden en lo mismo: con siete u ocho años se iba a escardar, a acarrear con las mulas y a trillar, y la paga de la trilla era una rosca. Eran felices, dicen, con lo que tenían.
Vocabulario
- Cántaro
- Vasija de barro para llevar el agua desde la fuente, sobre la cabeza y con una rodilla de trapo debajo.
- Botijo
- Vasija con asa y pitorro. Los oscuros se usaban en invierno y los blancos en verano, porque refrescan más el agua.
- Escriño
- Cesta de paja en la que se llevaba el pan al horno.
- Masa madre
- Trozo de masa fermentada que se guardaba de una hornada para la siguiente.
- Hornero
- Vecino que se encargaba del horno comunal por subasta, uno o dos años, y cobraba con un pan.
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- Valsalobre en altotajo.es · el pueblo contado desde el Alto Tajo
Preguntas frecuentes
¿Cómo se hacía el pan en Valsalobre?
En un horno comunal junto al ayuntamiento. Cada casa amasaba en su artesa con masa madre, y el pan se llevaba en escriños y se marcaba con una cruz o una señal. El hornero cobraba un pan por hornada.
¿De dónde se sacaba el agua?
De una sola fuente del pueblo, en cántaros que se llevaban a la cabeza. Para lavar se bajaba al río, donde en invierno había que romper el hielo.
¿Qué era el trueque con Priego?
En otoño llegaban vecinos de la Alcarria, de Priego y pueblos de alrededor, con uvas, pimientos y aceitunas, y los cambiaban por patatas.
Fuentes y lecturas
- Vestal Etnografía: «El agua y el horno comunal de Valsalobre» (conversación con dos vecinas) texto consultado · Fuente oral. Leída la transcripción automática: fechas y cifras son recuerdos y se toman solo donde la transcripción es clara.
- Vestal Etnografía: «Los mayos y la matanza en Valsalobre» (conversación con un vecino de 97 años y una vecina) texto consultado · Fuente oral. De aquí, la matanza y los huevos.
- Vestal Etnografía: «Historias de la taberna y el baile en Valsalobre» (conversación con tres vecinos) texto consultado · Fuente oral. De aquí, el trueque con los pueblos de la Alcarria y el viaje a Millana.
- Vestal Etnografía: «La agricultura y las hogueras de invierno en Valsalobre» (conversación con tres vecinos) texto consultado · Fuente oral. De aquí, el hambre en la posguerra y la trilla de los niños.
Cuestiones pendientes
- Cuándo llegó el agua corriente: un entrevistado dice «hace unos cincuenta años» y otro, que fue «uno de los últimos pueblos de la provincia» y que hacia 1984. Contrastar con el ayuntamiento o la Diputación.
- Número y ubicación de los hornos: una vecina habla de un horno comunal junto al ayuntamiento, y otra, de turnos entre tres. Sin aclarar.
- Molinos: los vecinos recuerdan dos en el camino de Beteta, uno rehabilitado como vivienda. Sin identificar.
- Si hubo hambre o no en la posguerra: los testimonios no coinciden. Se recogen los dos.
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