Oficio · Hasta los años 70 · Los oficios del monte y del agua

El monte da de comer: resina, leña, espliego y gamones

En Valsalobre el monte daba de comer. Cinco resineros trabajaban miles de pinos, la leña de la dehesa se repartía a suertes entre los vecinos, el espliego se destilaba en una caldera junto al río y los gamones y las bellotas engordaban a los cerdos. Lo cuentan vecinos del pueblo en vídeos de Vestal Etnografía.

La resina

Un vecino que de niño llevaba la comida a su padre resinero lo cuenta así: su padre trabajó más de treinta años sacando resina de los pinos de la dehesa. En Valsalobre había cinco resineros. Uno llevaba tres mil quinientos pinos, otro tres mil y otro dos mil, y los pinos de cada uno estaban unos pegados y otros dispersos, lo que hacía que unos sacaran más resina que otros.

Entre marzo y abril se quitaba la corteza del pino. Se le clavaba una chapa de media luna con un mazo y debajo se colocaba un casco, un bote de barro que se hacía en Priego, que recogía la resina cuando el pino «sudaba». Cuando los cascos se llenaban se pasaba a remasar: con una paleta se echaba la resina a una lata de metal y de la lata, a una cuba de madera, como las del vino. Se cobraba por cubas. Quien llegó a recogerla dice que fue donde mejor sueldo ganó. Cree que la resinera que la compraba, una empresa muy importante en los años cincuenta y sesenta, estaba en Cañizares, aunque no lo asegura.

El pino que daba más resina, según ellos, era el rodeno; el albar nunca se resinó. Para el niño que llevaba la comida, el caldo llegaba casi siempre derramado, de tanto balancear la cesta, y rodeaba la dehesa por miedo a las vacas.

La leña, a suertes

La leña de los robles se cortaba en comunidad. Se hacía una poda de todo el pueblo, y la leña se amontonaba en rimeros que luego se sorteaban entre las familias. A veces el roble era tan grande que tocaba a dos o a tres vecinos, y se numeraban los trozos. También se sorteaban los cajigos secos. Antes se repartían las ramas de arriba y se dejaba el voladizo de los lados; ahora, dicen, es al revés.

Esa misma madera movía la economía del pueblo. Un vecino explica que el ayuntamiento vivió siempre de las cortas de los pinos: cuando la madera daba dinero, no había que preocuparse de pagar nada. Hoy, con la madera casi sin valor, el ayuntamiento no tiene recursos. Quien cortó un pino albar de unos veintiún metros recuerda que cubicó siete metros cúbicos y que se lo compró un carpintero. A su lado hay otro, al que llaman «el abuelo», que según los vecinos sigue en pie en la dehesa.

El espliego

Para muchas casas, el espliego era el mejor ingreso del año. Estaba vedado hasta que llegaba la fecha, y se segaba a finales de agosto o primeros de septiembre, cuando ya se había trillado. La gente lo traía a una báscula y se pagaba por arrobas. Un vecino cuenta que su casa vivía medio año de él. Dos pastores se repartían el trabajo: uno se quedaba con las ovejas y el otro segaba el espliego y lo traía al hombro, y con ese dinero tenían para las fiestas.

El espliego se destilaba en una caldera junto al río, cerca de un puentecillo a la entrada del pueblo. Los niños ayudaban a pisarlo, saltando sobre él, para que se asentara, y de la caldera salía la esencia, muy poca. Las mujeres también iban a cortarlo. Una vecina recuerda que, al pesarle lo suyo, le pusieron cuatro arrobas redondeando, porque le faltaba muy poco. En la sierra no se sembraba: crecía en las cuestas del monte.

Gamones, bellotas y setas

Los gamones estaban vedados todo el año y había un día determinado en que se podían coger. Los vecinos recuerdan que se disputaba: había gente que iba a dormir cerca la noche anterior para ser el primero, y cada uno tenía su sitio. Se cogían de madrugada, porque más tarde, con el sol, ya no se cogían igual, y se cocían con calabaza, patatas y salvado para los cerdos. Las bellotas del cajigo estaban vedadas igual y se cogían otro día señalado.

Las setas no tenían entonces la fama de ahora. Se cogían níscalos, champiñón y seta de cardo. Un vecino recuerda cargar una mula con un serón lleno de níscalos, a los que llaman «mízclos», e ir a Cañamares a cambiarlos por una carga de uvas, más o menos kilo por kilo. En Valsalobre no había viña.

Lo que cuentan del abandono

Los vecinos relacionan el abandono del monte con los incendios. Un ganadero lo explica así: cuando había ganado, el suelo estaba limpio y los rayos que caían cerca no prendían; ahora, sin reses, el pasto seco arde con una colilla. Según él, Patrimonio Forestal le puso tantas trabas que acabó vendiendo el ganado. Es el testimonio de una persona y no se ha contrastado, así que queda anotado entre las cuestiones pendientes.

Palabras del oficio

Resinero
El que sacaba la resina de los pinos. En Valsalobre, el oficio de cinco vecinos, que llevaban entre dos mil y tres mil quinientos pinos cada uno.
Casco
Bote de barro que se colocaba bajo la entalladura del pino para recoger la resina. Los que se usaban en Valsalobre venían de Priego.
Remasar
Recoger con una paleta la resina de los cascos para echarla a una lata y, de allí, a la cuba.
Espliego
Planta aromática del monte con la que se destilaba una esencia. En Valsalobre se segaba a finales de verano y se pagaba por arrobas.
Gamón
Planta cuyas raíces secas se cocían con calabaza, patatas y salvado para alimentar a los cerdos.

Dónde está hoy

Sigue en otras webs

Preguntas frecuentes

¿Había resineros en Valsalobre?

Sí. Un vecino recuerda cinco, con entre dos mil y tres mil quinientos pinos cada uno, y cuenta que la resina dio mucho dinero al pueblo y al ayuntamiento en los años cincuenta y sesenta.

¿Cómo se repartía la leña?

Tras una poda comunal, se hacían montones o rimeros y se sorteaban entre los vecinos. Si un roble era muy grande, tocaba a dos o tres familias.

¿Para qué servía el espliego?

Se segaba a finales de verano, se pesaba en una báscula y se pagaba por arrobas. Con él se destilaba una esencia en una caldera junto al río. Para muchas casas era el mejor ingreso del año.

Fuentes y lecturas
  1. Vestal Etnografía: «La resina y la leña en la dehesa de Valsalobre» texto consultado · Fuente oral. Leída la transcripción automática: cifras y nombres son recuerdos y se toman solo donde la transcripción es clara.
  2. Vestal Etnografía: «El espliego y el gamón en la dehesa de Valsalobre» texto consultado · Fuente oral. De aquí, el espliego, los gamones, las bellotas y las setas.
  3. Vestal Etnografía: «Las salinas y el pino de Judas en Valsalobre» (conversación con tres vecinos) texto consultado · Fuente oral. De aquí, el ayuntamiento y las cortas de pino, y el relato de los incendios.
  4. Vestal Etnografía: «La escuela y los quintos en Valsalobre» (conversación con tres vecinos) texto consultado · Fuente oral. Recuerda cómo se destilaba el espliego y cuánto sacaban las mujeres.
  5. Vestal Etnografía: «Los mayos y la matanza en Valsalobre» (conversación con un vecino de 97 años y una vecina) texto consultado · Fuente oral. De aquí, la historia del pino albar «el abuelo».

Cuestiones pendientes

  • Las cifras de pinos por resinero y de resineros del pueblo son de un solo testigo y de memoria. Contrastar con los libros del ayuntamiento o los montes catalogados.
  • Las especies: los vecinos dicen negral (o rodeno), albar y enebro; falta confirmar con el Catálogo de Montes qué se resinaba exactamente.
  • Ubicación de la caldera del espliego (junto a un puentecillo, en el río) y del pino «el abuelo», que según un vecino sigue en pie en la dehesa.
  • Si el mercado de setas y de bellotas que citan existió como tal o fue trueque ocasional.
  • Papel de Patrimonio Forestal en las cortas y en las vedas, como lo cuentan los entrevistados: es su opinión; sin consultar documentación.

Todas las fuentes de la memoria.

Siguiente relato: Mayos, quintos y baile en Valsalobre